12 Mar

Te tuve entre mis manos:
la humanidad entera en una nuez.
¡Qué cáscara tan dura y tan rugosa!
Y, adentro, el simulacro
de los dos hemisferios cerebrales
que, obviamente, no aspiran a operar
sino a ser devorados, alabados
por ese sabor neutro, tan insatisfactorio
que exige, al infinito,
una vez y otra y otra, que se vuelva a probar

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